En la década de los 70 del siglo XX el cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii) fue introducido en la Península Ibérica procedente de su hábitat original en las marismas de Luisiana (Estados Unidos). Gracias a su gran plasticidad ecológica y capacidad colonizadora, el cangrejo rojo se extendió rápidamente, proporcionando un nuevo recurso pesquero susceptible de ser explotado. Pero su introducción causó drásticos cambios en los ecosistemas invadidos y, sobre todo, supuso un duro revés para la especie autóctona de cangrejo de río, que no ha llegado a recuperarse.
El cangrejo rojo americano: historia de su introducción en la Península Ibérica
La introducción del cangrejo rojo americano en la Península Ibérica se encuentra perfectamente documentada. Tuvo lugar en los años 70, cuando la merma en la calidad de los ecosistemas fluviales produjo un descenso notable en las poblaciones europeas de cangrejo de río, un producto que contaba con una fuerte demanda en el mercado alimenticio por la calidad de su carne. En este marco, se iniciaron las primeras pruebas para introducir el cangrejo rojo americano con el objeto de explotar comercialmente sus poblaciones.
En 1973 se realizó la primera introducción de 100 kg de cangrejos procedentes de Nueva Orleans en los arrozales de una finca de Badajoz. Poco después, y con apoyo institucional por parte del ICONA, se repitió la introducción, esta vez a mayor escala, en las marismas del Guadalquivir, una zona que, por su extensión y condiciones, se consideraba óptima para la producción comercial de la especie, que no entraba en competencia con el cangrejo autóctono por hallarse el último ausente de este ambiente.
La extensión del cangrejo rojo americano por España y PortugalLa aclimatación de la especie fue un éxito y pronto comenzó a explotarse comercialmente. El beneficio económico que reportaba y la facilidad de encontrar cangrejos vivos en el mercado animó a otras personas de zonas con hábitats similares a repetir la experiencia, y así el cangrejo rojo pronto fue introducido en los arrozales de Valencia (1978) y en los del Delta del Ebro (1979).
Gracias a la elevada tasa de dispersión natural con la que cuenta la especie, en poco tiempo el cangrejo rojo se extendió hacia Portugal y a mediados de la década de los 80 estaba ya presente en toda la cuenca del Guadiana.
El cangrejo rojo y su impacto sobre el cangrejo de río europeo
La dispersión natural del cangrejo y su introducción por parte de pescadores en los diversos ríos y ecosistemas acuáticos ibéricos hicieron que el cangrejo rojo pronto se extendiese por toda la península. Pero estas introducciones pronto pasaron factura. El cangrejo rojo es portador de la peste del cangrejo o afanomicosis, una enfermedad causada por el hongo Aphanomyces astaci que tiene un efecto devastador sobre las poblaciones de cangrejo de río europeo (Austropotamobius pallipes). El cangrejo autóctono, muy afectado ya por la pérdida de calidad de las aguas de los ríos en los que habita, fue diezmado por la afanomicosis que portaba consigo el cangrejo americano. Pronto las densas poblaciones de cangrejo de río no fueron más que un recuerdo, y sólo en las cabeceras de algunos ríos de aguas limpias y frías, inaccesibles para el cangrejo rojo, sobrevive la especie que hoy está catalogada como en peligro de extinción en muchas partes de España.
El cangrejo rojo americano y su impacto sobre los ecosistemasPero el cangrejo de río europeo no es el único que ha sufrido con la llegada del cangrejo americano. Procambarus clarkii es una especie muy voraz y, en grandes densidades, el intenso forrajeo que practica sobre la vegetación acuática puede alterar toda la red trófica de los ecosistemas que habita. Además, depreda con intensidad sobre otros invertebrados y es responsable de la disminución de las poblaciones de anfibios en muchos ambientes.
El cangrejo rojo americano causa pérdidas económicas y es vector de enfermedadesEl ser humano no se libra de los inconvenientes provocados por este decápodo. Su actividad excavadora les lleva a abrir galerías en los sedimentos causando problemas importantes en acequias y arrozales, que ven cómo sus diques y muros se desmoronan por el minado practicado por los cangrejos.
Además, los pescadores de cangrejos entran en frecuente conflicto con los arroceros y sus redes de pesca resultan muchas veces una trampa mortal para otras especies, como galápagos, anfibios y reptiles e, incluso, aves.
Por otra parte, se ha comprobado que el cangrejo puede ser vector de la enfermedad de tularemia, causada por el agente infeccioso Francisella tularensis, que afecta a mamíferos (principalmente lagomorfos y roedores) y aves y que puede ser transmitida a humanos.
La introducción del cangrejo rojo también ha aportado beneficios
Pero no todo es negativo con relación al cangrejo rojo. Su proliferación ha dado lugar a una nueva industria pesquera, de procesado y comercialización que ha creado muchos puestos de trabajo, especialmente en las marismas del Guadalquivir, y que actualmente exporta tanto a Estados Unidos como a diversos países de Europa.
Además, el cangrejo forma ya parte de la dieta de muchas especies animales, como las cigüeñas blanca y negra o la nutria, que encuentran en este decápodo una fuente de alimento abundante y nutritiva.
La introducción de especies es un problema grave qua afecta a toda la biosferaEl caso del cangrejo rojo en la Península Ibérica pone de manifiesto una cuestión que es ya bien conocida: la introducción de especies fuera de su hábitat de origen puede dar lugar a desequilibrios ambientales, problemas económicos e incluso de salud. De hecho, las especies invasoras suponen hoy día una clara amenaza a la diversidad global. Por ello es necesario concienciar a la sociedad del riesgo que supone introducir una especie exótica y las consecuencias, no siempre previsibles, de esta acción.
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